Duarte Cabral de Meneses
Duarte Cabral de Meneses se gana la vida adornando. Lo contratan para que una fiesta o un balneario luzcan más distinguidos: un hombre muy alto, de dos apellidos —uno heredado de su padre, que vendió pescado en Setúbal, y otro que se puso él—, que habla de tonterías con todo el mundo.
Justamente por eso le cuentan cosas. Duarte sabe que la gente se cuida cuando declara, pero no cuando conversa, y que en lo que se dice sin darle importancia es donde nadie miente.
Casos publicados, en el orden sugerido
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Caso 1
Lo que se dice sin miedo
Un fotógrafo escribe a Duarte Cabral de Meneses para contarle algo y le pide que espere al día siguiente. Esa mañana lo encuentran muerto en una cabina del balneario, con el baño que pedía su ficha. Duarte se queda los ocho días que le han pagado… por adelantado hablando de tonterías con doce huéspedes, porque nadie miente en los adornos.
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Caso 2
Nadie se equivoca en fila
El reloj de la torre lleva dos días parado y en Ontanaya no hay manera de saber la hora. Durante el baile de la feria, las siete piezas de platería desaparecen de una vitrina cerrada con dos llaves, en un palacio lleno de gente. A Duarte Cabral de… Meneses, que estaba allí como adorno de la fiesta, le tocan catorce declaraciones que no encajan entre sí y que, sin embargo, no mienten.
Cómo leer sus casos
Cada caso se resuelve solo, así que el orden es una sugerencia: el de publicación. Lo que tienen en común es el método —escuchar mucho y preguntar poco— y un personaje que disfruta de ser subestimado.
Sin spoilers
Esta página no adelanta nada que no digan las sinopsis. Lo que Duarte descubre, lo descubre dentro de cada relato.