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Relato destacado
Nadie se equivoca en fila
El reloj de la torre lleva dos días parado y en Ontanaya no hay manera de saber la hora. Durante el baile de la feria, las siete piezas de platería desaparecen de una vitrina cerrada con dos llaves, en un palacio lleno de gente. A Duarte Cabral de Meneses, que estaba allí como adorno de la fiesta, le tocan catorce declaraciones que no encajan entre sí y que, sin embargo, no mienten.
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Nadie se equivoca en fila
El reloj de la torre lleva dos días parado y en Ontanaya no hay manera de saber la hora. Durante el baile de la feria, las siete piezas de platería desaparecen de una vitrina cerrada con dos llaves, en un palacio lleno de gente. A Duarte Cabral de Meneses, que estaba allí como adorno de la fiesta, le tocan catorce declaraciones que no encajan entre sí y que, sin embargo, no mienten.
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Lo que se dice sin miedo
Un fotógrafo escribe a Duarte Cabral de Meneses para contarle algo y le pide que espere al día siguiente. Esa mañana lo encuentran muerto en una cabina del balneario, con el baño que pedía su ficha. Duarte se queda los ocho días que le han pagado por adelantado hablando de tonterías con doce huéspedes, porque nadie miente en los adornos.
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Primero baja el candil
En el lagar hay una regla de octubre que nadie explica: primero baja el candil y después el hombre, y nunca solo. La noche en que Mercedes vuelve después de veintitrés años, baja sola. Aristide Valmont había llegado la víspera a tasar la casa y se queda porque la bodega no cuenta la misma historia que la familia.
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Tres cosas recogidas
Un desprendimiento deja incomunicada una casa en un puerto de montaña con siete personas dentro y doce grados bajo cero. Por la mañana, la dueña aparece muerta en el invernadero, sentada en su butaca, y nadie ha entrado ni ha salido en toda la noche. Aristide Valmont, un perito judicial al que la nieve ha desviado del camino, se queda mirando tres cosas que alguien recogió y que no hacía ninguna falta recoger.
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